
Robinho no se cansa de irse de marcha. Esta vez, cambió una de las discotecas de Río de Janeiro por el verde del Bernabéu. El ex del Santos, en el ojo del huracán tras la juerga que se montó con sus compañeros de selección, respondió a la confianza de Schuster y puso las copas en la cita de la máxima competición continental. El brasileño acabó por destrozar el muro heleno, que estuvo muy cerca de sacar algo positivo de un choque que no tenía en la cabeza. Recibieron un golpe a las primeras de cambio y se quedaron con uno menos en el 12'. Pero, apoyados en el compañerismo y en el trabajo, rozaron la conquista en el Bernabéu.

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